Al ex ministro de Salud se le está complicando su problema judicial y político. Apareció en la Prensa con una frase rimbombante “en Chile hay una dictadura sanitaria”, idea que le quedaría muy bien a un ciudadano de a pie a quien, so pretexto de la pandemia, se le ha privado de todos sus derechos constitucionales, incluso, en las fiestas patrias, al permitir que se viole su morada, el último rincón donde protegerse del absolutismo del Estado.

Al término del plazo para la presentación de una acusación constitucional contra un ex ministro se juntaron las diez firmas requeridas para iniciar el libelo, restándose de dicha acción los diputados democratacristianos y los socialistas, quienes argumentaban que había que privilegiar la campaña por el APRUEBO sobre cualquiera otra actividad política.

La acusación, por consiguiente, ya tiene la Comisión encargada de llevar la causa: tres opositores y dos gobiernistas. Ahora, como la situación se ha complicado para ex ministro, es muy posible que se sumen los votos de democratacristianos y de socialistas.

El caso Mañalich tiene dos aristas: por lado, la responsabilidad política y, por el otro, la judicial. Hay que recordar que el ex ministro se vio forzado a renunciar a su cargo cuando CIPER-Chile y la periodista Alejandra Matus dieron a conocer que el ministerio tenía dos versiones distintas con respecto del número de muertos y contagiados a causa del Covid-19: una, con número más reducido, dada a conocer a los ciudadanos en la conferencia diaria en que aparecía el ministro, secundado por sus subsecretarios, y la otra, a la OMS, que daba cuenta de una cifra de casi el doble de muertos.

Actualmente, una funcionaria del mismo ministerio, perteneciente al área de planificación, acusa al ex ministro y su secretaria de llevar sus propias estadísticas que se basaban en la información que proporcionaban los Seremis a través de todo el país.

El fiscal  Marcelo Carrasco, que tiene fama de rectitud y eficiencia, se le encargó la investigación del caso, al que se agregó el fiscal jefe del área norte, Xavier Armendáriz, (actual decano de la Facultad de Derecho de la Universidad San Sebastián).

Los investigados en el caso son el Presidente, Sebastián Piñera, el ex ministro de Salud, Jaime Mañalich y los subsecretarios Paula Daza y Arturo Zúñiga. Los querellantes, el senador Alejandro Navarro, los acusa por la implementación de la “nueva normalidad” que hizo crecer el número de muertos e infectados, y el alcalde de Recoleta, Daniel Jadue, por responsabilidad que les cabe en la muerte de 60 vecinos de su comuna.

En declaraciones a la Prensa, el subsecretario de Redes Asistenciales, Arturo Zúñiga, sostuvo que todas las decisiones fundamentales las tomaba el Presidente de la República, y cualquier acción a tomar requería de su visado. El doctor Aráoz, jefe de Epidemiología del ministerio de Salud, declaró que el ex ministro Mañalich “no daba el ancho”.

Es de común ocurrencia que los abogados defensores cuestionen a los fiscales y pidan su cambio y, en este caso, el fiscal Carrasco fue acusado de filtrar información de la causa a los medios de comunicación, lo cual fue desmentido y, además, con la anuencia del fiscal Armendáriz.

La Fiscalía solicitó al actual ministro de Salud, Enrique Paris, el texto de tres correos electrónicos institucionales, quien se negó a entregarlos pretextando que violaría la privacidad de los datos personales de los pacientes, pero como estas exclusas eran inválidas, se argumentó que se podría poner en peligro la seguridad nacional. La Corte Suprema debería resolver esta disputa entre la fiscalía y las autoridades de gobierno que, en el caso de que el fallo les sea adverso, deberán acatar las órdenes judiciales.

El Estado de Chile, en vez de auxiliar a la gente que vive en malas condiciones y con riesgo de contagio, ha gastado millones de pesos en el arriendo del Espacio Riesco, (el palacio de la Moneda de la plutocracia, o del circo Chamorro de los empresarios), así como en algunos casos de hoteles y otras residencias sanitarias, en que pagaron ingentes sumas de dinero.

Para ser justo, al entonces ministro Mañalich hay que reconocerle la compra de ventiladores y de haber enfrentado la pandemia con capacidad hospitalaria, pero junto a este cumplimiento del deber, se cometieron varios errores como las “cuarentenas dinámicas”, que separaban las distintas comunas por calles, suponiendo que el virus, (según él, “podría convertirse en buena persona”), conocía mejor que un urbanista el plano de Santiago.

La ultraderecha anda de tumbo en tumbo al elegir como su ídolo al ex ministro Mañalich, el “Napoleón” de la Clínica Las Condes, que tuvo más desaciertos que aciertos en su gestión en su “dictadura sanitaria”, como él mismo lo expresó.

Rafael Luis Gumucio Rivas, El Viejo)

25/09/2020

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