Plaza Dignidad
 El aplastante triunfo de las opciones Apruebo y Convención Constitucional en el plebiscito nacional – sobre el 78% de adhesión en ambos casos – representa el primer paso de la ciudadanía en su objetivo de comenzar a desmantelar el andamiaje del sistema pinochetista que hoy, 30 años después del término de la dictadura, aún enturbia su vida y la somete a una seudodemocracia en que sus derechos básicos se hallan ausentes.
   Por voluntad popular Chile tendrá próximamente una nueva Constitución Política, legítima y democrática, que reemplazará a la Carta Magna tramposa promulgada en 1980 bajo terrorismo de Estado y sin registros electorales, elaborada por un reducido grupo de iluminados ignorantes de los requerimientos de la gente común y corriente  pero funcionales al dictador  y su patota de generales y almirantes golpistas convertidos en «autoridades» de la noche a la mañana.
   Los resultados del plebiscito, con elevada participación ciudadana,  tienen proyecciones relevantes para el país, porque en lo sustantivo las mayorías  aspiran  a eliminar de la Constitución  la lógica neoliberal  que se expresa en la reducción del rol del Estado sobrepasado por el mercado y en el énfasis  puesto en los individuos, sobretodo en los de mayor poder económico.
   Hoy está la urgencia de asegurar el agua como un derecho humano y todos los recursos naturales como bienes de todos. En la actualidad esos derechos están en manos de grandes empresas transnacionales que los consiguieron sin mayor esfuerzo aprovechando la disposición militar en favor de los económicamente poderosos.
   La consagración de los derechos sociales será sin duda prioridad en la nueva Constitución. Allí aparecerán en condición de imprescindibles la salud, la educación, el trabajo y la previsión, además de la vivienda y el transporte, como parte de la igualdad y la dignidad, cuyo difícil acceso obstruido por intereses mercantiles fue el detonante de la rebelión popular que está en marcha.
   Tras el portazo a la herencia del capitán general del genocidio ésta es la hora oportuna para empezar a barrer todo rastro dictatorial, su institucionalidad, el modelo y el mercado desregulado que encabeza los abusos contra la población indefensa. Todo ello ha sido amparado por la Constitución militar vigente, que luego dará paso a la construcción de otro país.
   El hecho de que partidos políticos pretendan apropiarse de la victoria popular, no corresponde. Claramente el plebiscito se efectuó en respuesta a las presiones ciudadanas recibidas desde la calle y no es casualidad que la reciente jornada cívica se haya realizado un año después del inicio del estallido social.
   Hay que celebrar con júbilo  y sin complejos  el 25-O como día histórico: este Chile despierto y despavilado se impuso por amplio margen al principal oprobioso «legado»  del dictador, el que irá progresivamente quedando atrás y – lo más significativo – será ignorado por las nuevas generaciones.
   La categórica derrota del pinochetismo y el comienzo del desmontaje de su armazón antipopular coincide con el admirado trabajo desplegado por el colectivo de mujeres Bordando Dignidad que lleva el nombre de «Adiós General»…
Hugo Alcayaga Brisso
Valparaíso

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