Tenga clara una certeza: este proceso no redactará una Constitución de verdad democrática. No nos confundamos ni nos dejemos llevar por la legítima alegría que nos deja el resultado del plebiscito.

Mientras no sea el pueblo el que la impulse, no habrá una constitución verdaderamente democrática. El de ayer es solo un paso.

Este proceso fue impuesto por el temor de la clase/costra/casta política, para salvar el sistema, a espaldas y en contra del pueblo. El miedo a la gente los obligó desesperadamente a abrir este flanco.

La gente ha sobrepasado las formas tradicionales de organización y ha obedecido más bien a su propia iniciativa e instinto de manada, de cardumen, de piño, tanto para demostrar su frustración, como para saber cómo se cambian las cosas. Más bien, para advertir como no se cambian.

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Y lo cierto es que los colihues siguen siendo muy delgados y muy fáciles de quebrar.

Hace falta un instrumento popular que encauce sus luchas, se alce con su voz y coordine sus esfuerzos. El pueblo cuenta con los mejores y más prestigiados exponentes del mundo social, cultural, científico y popular.

La mayor parte de los dirigentes sociales reconocidos y validados por la gente, son personas que no provienen de la política formal, mucho menos de la derecha depredadora y abusiva, sino que obedecen a sus propios compromisos y conciencia.

¿Cuántos dirigentes honestos, artistas consecuentes, científicos lúcidos, sacerdotes coherentes, estudiantes incansables, mujeres audaces, profesionales aguerridos, decentes y eficientes, pobladoras y pobladores que jamás han bajado la guardia,  jubilados que dan muestra de valor a las nuevas generaciones, dirigentes de los trabajadores que no se han vendido, entre otros muchos, estarían dispuestos para enfrentar el desafío de construir un referente del pueblo para no tener que soportar nunca más que otros hablen por él?

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¿Acaso las víctimas como Fabiola Campillay y Gustavo Gatica, y tantos otros, no asumirían una responsabilidad como referentes morales para exigir justicia y tener otra trinchera legítima para continuar su lucha y honrar a muchos que, como Camilo Catrillanca, han sido asesinados?

Las increíbles Dafne, Sibila, Paula y Lea, ¿no son extraordinarias representantes de las mujeres desde la creatividad majestuosa de Las Tesis?

¿El postergado y perseguido pueblo mapuche, no requiere un espacio en el que encuentren la solidaridad activa y la coincidencia en sus luchas para que nunca más haya un weichafe asesinado y para luchar porque el Estado finalmente asuma su responsabilidad con esa deuda más que centenaria?

¿Los dirigentes honestos y valientes de Modatima, No Más AFP, la Unidad Social de Magallanes, solo por nombrar a algunos, y de otros centenares de movimientos que luchan por una vida mejor, no deberían unificar sus esfuerzos y dejar atrás miedos, titubeos y prejuicios?

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¿Acaso no contamos con los valientes periodistas como Alejandra Matus, Manuel Cabieses, Mónica González, Juan Pablo Cárdenas, Faride Zerán, María Olivia Monckeberg, Mauricio Weibel, Nancy Guzmán y otros tantos?

¿Y el movimiento social no tiene siempre el apoyo de artistas compromtido y consecuentes como Roberto Márquez, Anita Tijoux, Mon Laferte, Francisco Villa, Patricio Manns y otros centenar de los mejores artistas nacionales, famosos o no, a los que se le unen numerosos premios nacionales de las más disímiles áreas, como José Maza, en ciencias, Raúl Zurita en literatura, entre otras muchas decenas de nombres?

Un enorme grupo de los más prestigiados chilenos podrían convocar a la conformación de un Movimiento inspirado en el 18 de Octubre y dar un curso a la acción que impulse  miles de asambleas de barrios, villas, poblaciones, gremios, sindicatos, federaciones de estudiantes, que se organizan, que trabajan día a día, y que no se rinden ni se cansan.

¿No es que los mejores actores de la escena nacional son solidarios y activos en su  compromiso por un país mejor como Daniel Alcaino, Tamara Acosta, Pablo Schwarz, Néstor Cantillana, Mario Horton, entre otros cientos o miles?

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Intentar un listado de personas decentes y que han jugado un rol en la hasta ahora difusa idea de una propuesta de país diferente al que han construido el contubernio de la post dictadura, es necesariamente injusto. Otros miles quedarán afuera de cualquier intento de nombrar a muchos.

Uno de los hechos más evidentes que dejo el aplastante triunfo de ayer es la falta de voz de la gente que logre apagar la de los que intentan secuestrar lo que no les pertenece.

Y eso hora de tomar posición y por sobre todo, actuar.

Un enorme grupo de los más prestigiados chilenos podrían convocar a la conformación de un Movimiento inspirado en el 18 de Octubre y dar un curso a la acción que impulse  miles de asambleas de barrios, villas, poblaciones, gremios, sindicatos, federaciones de estudiantes, que se organizan, que trabajan día a día, y que no se rinden ni se cansan.

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En el seno del pueblo brilla una inteligencia colectiva que sabe, que no se deja engañar y que busca mejores formas de optimizar la increíble fuerza de la gente cuando se decide a luchar y que ahora fue capaz de acorralar a los poderosos y derrotarlos de la manera más elocuente.

En el pueblo palpita una fuerza que, cuando logra unirse bajo una sola consigna que lo seduce y por la cual está dispuesto a entregar su alegría y lo mejor de su vida, no hay poderoso ni oportunista que no tiemble y sepa que le ha llegado su cuarto de hora.

 

Por Ricardo Candia Cares

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